Fundada el 25 de Julio de 1931

Historia

El origen del "Restaurant de Parque 3 de Febrero" de Juan Hansen, el más famoso de los lugares de diversión nocturna vinculados con el tango, ha merecido muchos estudios. Juan Hansen, su concesionario primitivo, era de origen alemán. Casado con Ana Anderson, tuvo un hijo llamado Conrado Tomás y falleció en Buenos Aires a los 58 años el 3 de abril de 1892. En 1877 el citado Hansen presentó una nota al presidente de la Comisión del Parque 3 de Febrero solicitando, el alquiler por el término de 6 años de la casa situada tras de la que actualmente habito y que antes fue ocupada por el mayor Roa. El propósito de dicho pedido era ampliar su local que supuestamente existía desde 1869.

El emplazamiento originario se encontraba frente a la Avenida de las Palmeras, actual Avenida Sarmiento en la esquina donde actualmente ésta se cruza con la Av. Figueroa Alcorta. Después de la muerte de Hansen se sucedieron varios arrendatarios, el más conocido de ellos fue don Anselmo R. Tarana, que se hizo cargo del comercio del 8 de mayo de 1903. Tarana modificó la denominación del lugar por el de "Restaurant Recreo Palermo. Antiguo Hansen". Dice León Benarós en El tango y los lugares y las casas de baile, (en La historia del tango, Buenos Aires, Corregidor 1977): Tarana "era un tano fino, de gran galera de felpa, quizá romano o toscano. Tenía prestancia. Era imponente su presencia".

Enrique Puccia, en El Buenos Aires de Ángel Villoldo. 1860 - 1919, Buenos Aires, 1976, cita un artículo de la revista "Caras y Caretas" de diciembre de 1903 que nos da referencias de este comerciante: "Sin reparar en el precio arrendó a la Municipalidad en $ 80.000 por cinco años, el restaurant Palermo y con prodigiosa actividad ha hecho de él un centro de cultura y entretenimiento muy difícil de hallar semejante ni aún en las mismas capitales extranjeras. Tal como está actualmente, es sin duda el paraje más pintoresco de Buenos Aires. Todo el servicio es allí eminentemente yankee así como el confort y la hábil distribución de los salones reservados. Una deliciosas orquesta traída especialmente de Milán, deleita con escogidos trozos musicales a la culta y numerosa clientela del restaurante. Y como si esto no fuera suficiente, el señor Tarana posee cinco automóviles que de un modo gratuito traen y llevan a sus domicilios a los clientes que lo soliciten. Basta pedir un automóvil por teléfono úmero 135 Palermo U.T." z

El afán propagandístico del artículo es notorio, sin embargo no todos los testimonios son tan agradables. Así, cuenta Pintín Castellanos (Entre cortes y quebradas; candombes, milongas y tangos en su historia y comentario, Montevideo, 1948) que: según narra la historia, fue en el famoso café Tarana donde fue estrenado un tango milongón, cuyo autor, Ángel Villoldo, intituló "El Esquinazo". La composición de Villoldo constituyó un suceso. Era tal la aceptación por parte del público que noche a noche concurría al café Tarana, que el compás endiablado del mentado tango comenzó a enloquecer poco a poco a todos. Primeramente y con cierta prudencia los parroquianos acompañaban la música de "El Esquinazo" golpeando levemente con las manos en las mesas.

Pero los días pasaban y el entusiasmo por el endiablado tango iba en tren ascendente. Ya no se conformaban los clientes del café Tarana con acompañar con el taco y las manos. Los golpes, llevando el ritmo, aumentaban paulatinamente y eran copas, vasos, sillas, etc.; pero el asunto no terminó ahí. Llegó una noche, fatal noche, en que ocurrió lo que el propietario del próspero establecimiento se venía palpitando desde hacía días. Cuando se anunció la ejecución del ya consagrado tango de Villoldo, se notó en el numeroso público cierta nerviosidad. Comenzó la orquesta ... y todos los presentes a seguir el compás con cuanto tenían a mano: sillas, mesas, copas, botellas, taconeo, etc. Pacientemente el propietario esperó la terminación del tango del demonio, pero el último acorde recibió una ovación de todo el público. La repetición no se hizo esperar; y así fue ejecutado una, dos, tres, cinco, siete.. en fin, cantidad de veces y cada interpretación una salva de aplausos; y más cosas rotas. Aquella inolvidable noche le costaba al propietario muchos cientos de pesos, incobrables. Pero el más serio problema no era lo que había pasado sino lo que iba a seguir pasando en las noches siguientes. Después de mucho pensar el infeliz "paganini" de los "platos rotos" tomó una resolución heroica. Al día siguiente, los parroquianos del Café Tarana se sorprendieron ingratamente al leer un letrerito que, cerca de la orquesta, decía así: Terminantemente prohibida la ejecución del tango El Esquinazo; se ruega prudencia en tal sentido."